De excursión al Líbano

julio 8, 2007 a las 7:29 pm | Escrito en Internacional, Seguridad | Deja un comentario

jaalonso1.jpegUna señora mayor e indefensa, de esas que siempre se ponen de ejemplo para los casos de inseguridad ciudadana, va por una transitada calle y se le acerca un joven, de entre veinte y treinta años. Este joven es el prototipo imaginario del ladrón callejero: fornido, ágil, moreno, alto, y lleva una camiseta sin marca algo desteñida (y no es inmigrante porque está mal visto relacionarlo con la falta de seguridad). Entonces se chocan, él se lleva su bolso de un tirón y ella grita “¡al ladrón!”. Bueno, a decir verdad le suelta una retahíla de insultos inconfesables por televisión, pero el caso es que ella grita y él corre. Hasta aquí, una escena fácil de imaginar. Pero entonces llega un policía (el policía ficticio siempre está en buena forma) y le dice al ladrón: “disculpe, ciudadano, ¿le importaría detenerse y entregar el bolso a esta señora?”. Esto ya no es tan fácil de imaginar.

Pero así funcionan las fuerzas de seguridad en el Líbano: su capacidad sólo es defensiva, es decir, frente a un ataque. Pero no están capacitadas para atacar, así que su única baza para mantener la paz es esperar ser atacados porque, de lo contrario, difícilmente pueden tomar la iniciativa. Y a la espera están. Tras los ataques a las tropas españolas en la FINUL+ del pasado 24 de junio, nos espera un verano difícil. Difícil porque se prevén más ataques y un recrudecimiento de la violencia en el sur del Líbano; difícil porque la Unión Europea aceptó liderar esta misión enquistada desde 1978 en virtud a la resolución 1701 y no va a sacar ningún rédito; difícil porque Sarkozy volverá a pedir que los soldados de la FINUL2 tengan capacidad ofensiva; y difícil porque las tropas españolas volverán a estar a merced de cómo sople el viento en los pasillos de fumadores de las instituciones europeas. Y el viento, en verano, sopla despacio.

Hoy parten de Santiago de Compostela 171 soldados de la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable (BILAT) y se esperan nuevas salidas para remplazar a nuestras topas allí. Al menos, ahora estarán los inhibidores que hubieran servido a nuestros soldados para defenderse. No tanto porque el Ministro de Defensa, José Antonio Alonso, reconozca el error; sino porque, tras predicar a los cuatro vientos las debilidades de las tropas españolas, no le quedaba más remedio que rascarse el bolsillo. Estas cosas pasan y, parafraseando al cómico que resumió el fracaso de la burocracia en una frase: “el ejército crece para satisfacer las necesidades de un ejército en expansión”.

 

Adm. Contra la indiferencia

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